Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

El toro

June 20, 2021 Juan Betancur Season 3 Episode 69
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El toro
Show Notes

Erase una vez una familia muy pobre, compuesta por los padres, Florencio y Amaranta, y por sus dos hijos, Florencito y Amarantita. Tenía tal necesidad la familia, que todas las mañanas se veía obligado el buen Florencio a ir hasta el matadero para comprar a muy bajo precio las tripas de las reses allí sacrificadas. A la postre, y dada la destreza culinaria de Amaranta, las tripas se convertían en un alimento de grato sabor.

Tenían una vecina, llamada Mariquita, que un día se dirigió a la choza de Florencio y Amaranta para pedirles un poco de sal. Al ver a Amaranta guisando aquellas repugnantes tripas, le dijo:

-Las compra Florencio en el matadero que hay cerca del cemen-terio, ¿verdad?

-Así es -respondió Amaranta.

Entonces Mariquita les contó que aquellas tripas no eran de animales, sino de fantasmas.

-¡Qué cosas dices! -exclamó el buen Florencio echándose a reír.

-Es verdad -insistió Mariquita. El cura es el que hace eso; es un brujo.

Poco después murió Mariquita.

Una mañana en la que Florencio iba al matadero, vio venir hacia él una manada de toros. Cuando llegaron a su altura, oyó algo en extremo curioso: un toro le preguntaba a otro, en el idioma de los cristiapos, si era la primera vez que iba al matadero. El toro preguntado respondió que no; que era la tercera vez que lo mataban.

Al poco rato vio pasar a una hermosa vaca, de cuyos ojos brotaban abundantes lágrimas que resbalaban por su hocico, y que lanzaba suspiros de mujer atribulada.

Florencio se dirigió a ella y le preguntó qué le sucedía. La vaca contestó que lloraba porque estaba muerta.

-¿No me conoces? -dijo. Soy Mariquita. He muerto por contaros que el cura convierte a la gente en 'reses.

Entonces contó a Florencio cómo el cura, todas las noches, iba al camposanto y mediante un extraño poder que tenía convertía a los muertos en ganado, los llevaba al matadero y se enriquecía así vendiendo su carne.

En cuanto llegó a su choza, Florencio contó a su Amaranta la conversación que tuviese con la vaca. Amaranta creyó todo aquello; mas como Florencio no terminara de creérselo, decidió ir a preguntárselo en persona al cura. A pesar de la oposición de ella, no cejó en su empeño.

Al día siguiente, muy temprano, se encaminó a la iglesia en busca del cura. Amaranta le siguió hasta la puerta.

El cura le recibió muy bien y le preguntó por el motivo de su visita.

-¿Es verdad que usted convierte a los muertos en reses? -le preguntó el buen Florencio.

El cura aseguró que aquello era una patraña. Luego trató de sonsacar a Florencio quién le había dicho semejante cosa. Al enterarse de que había sido la difunta Mariquita, frunció el ceño.

Luego preguntó a Florencio si había comentado con alguien aquella falsa historia.

-Sólo con mi Amaranta -dijo el buen hombre.

Aquello supuso el fin del infeliz Florencio. Amaranta esperó mucho rato a la puerta de la iglesia, sin que su marido apareciese. Al cabo de un tiempo, vio a un precioso toro negro con manchas blancas en el rabo y en el pecho que salía de la iglesia y que se alejaba. Cansada de esperar, volvió a su casa. Florencio no regresó. Todos creyeron que había muerto y la gente empezó a llamar a su esposa la viuda Amaranta.

Ella se tuvo que poner a trabajar para sacar adelante a sus hijos. Por ayudar a la recolección a sus vecinos, recibía algún dinero y con eso vivía.

Una mañana, nada más levantarse y nada más proferir este lamento, un gran toro entró por la puerta de su choza.

Era el buen Florencio. El cura le había convertido en toro y se había escapado de la cerca del ganado. Los caporales lo perseguían y llamaban a la puerta. Su esposa le escondió entre unas esteras y unas arpilleras y abrió. Nada encontraron aquellos hombres armados con garrochas.

Cuando se fueron, Amaranta besó y abrazó a su querido esposo, y éste volvió a recobrar su figura de humano. Pasó algunas horas con su famili