Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

El solitario

September 06, 2021 Juan Betancur Season 4 Episode 12
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
El solitario
Show Notes

Había una vez un hombre de edad llamado Don Rafael que vivía en una casa vieja pero bien tenida en las afueras de un pueblo tradicional. Don Rafal se había acostumbrado a vivir en aquella casa. Solo pero acompañado. Don Rafael hacia varias docenas de años había comprado aquella casa con los últimos ahorros después de una vida de arriero de mulas. Los años se le habían acumulado en su piel y como sus hijos se habían ido para la ciudad y se habían olvidado de el, solo tenia la constante presencia de aquellos que lo acompañaban en su vida solitaria. 

 

Desde que llego a aquella casa, ya estaba habitada. En la casa de don Rafael, de 3 habitaciones, una cocina y un sala de estar, se habían establecido 3 fantasmas, un demonio, un ángel, 2 hadas y un alma en pena. Todos habían vivido allí por muchos años y cuando don Rafael compro la casa, a muy buen precio por cierto, rápidamente se acostumbro a su presencia. 

 

A medida que pasaban los años, don Rafael podía sentir en su piel cuando los fantasmas pasaban junto a el, o podía sentir en su alma cuando el demonio lo cruzaba, podía ver la luz que emanaban las hadas cuando salían de sus pequeños refugios, o podía sentir el aleteo del ángel cuando salía y llegaba de sus labores diarias. Pero lo que mas le dolía era sentir la angustia de aquel alma en pena que recorría las habitaciones sin encontrar paz alguna. 

 

Por años había tratado de comunicarse directamente con todos aquellos compañeros de vivienda, pero ninguno, ni uno solo le había querido corresponder en su intentos de comunicación. Su vida era así, solitaria en una vieja casa llena de otros seres. 

 

Para don Rafael, el único consuelo era que cuando ahora que era bien viejo, sus recuerdos de juventud le regresaban a su memoria y todas las noches se sentaba en su mesa frente a un simple plato de comida y alzando la voz, comenzaba a relatar sus múltiples experiencias cuando viajaba desde aquel pueblo olvidado a la ciudad arreando sus mulas. 

 

Allí sentado en la mesa narraba una y otra vez como había sido su vida y como la soledad del camino le había enseñado a apreciar una fortuita compañía. Contaba como durante la noche en aquellos parajes de montaña podía sentir la presencia de seres que no eran de este mundo y como algunas veces el fuego fatuo era el único brillo en noches de luna nueva. De esos días solitarios y de esas noches oscuras aprendió a sentir y percibir la presencia de aquellos seres que nadie mas podía reconocer. Los fantasmas, demonios, ángeles, hadas y almas en pena que vagaban por los caminos junto a el.

 

Su vista se había vuelto aguda debido a la oscuridad de los caminos y así en aquellas habitaciones de su casa podía distinguir claramente una sombra fantasmal que se moviera de una habitación a otra, o la figura siniestra de el demonio cuando cruzaba frente a la chimenea, o el desplazamiento de el aire cuando el ángel aleteaba, o la sombra de el alma en pena al pasar frente a la luz de las hadas. Todo lo captaba  don Rafael. Pero pese a tratar de comunicarse abiertamente con ellos, ninguno de ellos le dirigía la palabra. Ninguno en ningún momento lo saludaba, o le hacia alguna pregunta o simplemente un si o un no. 

Don Rafael vivía solo en una casa llena de gente. 

Pero un día paso algo inesperado, Don Rafael se levanto de su cama y después de asomarse brevemente a la ventana de su cuarto, sintió voces en la sala. Extrañado corrió hasta su la puerta del cuarto y allí a escasos metros se encontraban reunidos los fantasmas, el demonio, el ángel, las dos hadas y el alma en pena. Todos en un contertulio muy animado discutían algo entre ellos. Cuando se percataron de la presencia de Don Rafael al unísono dijeron

 

Don Rafael Buenos días, como se siente el día de hoy y el ángel, que era el mas jovial de todos se acerco y le dijo. Don Rafael nos