
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
648. Las ovejas del pastor (infantil)
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Juan David Betancur Fernandez
elnarradororal@gmail.com
Había una vez un pastor que vivía en una pequeña aldea en lo que hoy es el pais vaco en España Su hogar estaba rodeada de colinas verdes y prados floridos En el pueblo reconocían Este pastor por su dedicación y amor hacia su rebaño de ovejas. Cada oveja tenía un nombre especial que él mismo les había dado, y conocía sus personalidades y peculiaridades. Había una oveja llamada Blanca, que siempre era la primera en seguirlo, y otra llamada Luna, que tenía una mancha en forma de media luna en su lana. También estaba Estrella, que siempre se quedaba atrás, observando el cielo, y Nube, cuya lana era tan blanca y esponjosa que parecía una nube en el cielo.
Cada mañana, el pastor se levantaba al amanecer y, con la ayuda de su fiel perro pastor, abría el redil para llevar a las ovejas a pastar. Caminaban juntos por senderos cubiertos de rocío, mientras el sol comenzaba a asomarse por el horizonte. El pastor siempre se aseguraba de que sus ovejas encontraran los mejores pastos y bebieran agua fresca de los arroyos que serpenteaban por los prados. Les hablaba con cariño, les cantaba canciones y les contaba historias mientras pastaban.
Un día, sin embargo, el pastor no apareció. Las ovejas esperaron pacientemente, pero en lugar de su querido cuidador, un viejo huraño con el ceño fruncido y una actitud distante llegó para llevarlas a pastar. Este hombre no conocía los nombres de las ovejas ni les prestaba la misma atención. Las ovejas se sintieron inquietas y desorientadas, extrañando el cariño y la calidez de su pastor. El viejo huraño las llevaba a pastos menos verdes y no se preocupaba por su bienestar.
El perro pastor, que también echaba de menos a su amo, se acercó a las ovejas y les explicó con tristeza: "El pastor está muy enfermo. El doctor cree que no vivirá mucho." Las ovejas, al escuchar esto, se llenaron de preocupación y tristeza. Blanca, Luna, Estrella y Nube se miraron entre sí, sabiendo que debían hacer algo para ayudar a su querido pastor.
Esa noche, cuando el nuevo pastor hubo regresado a su casa, las ovejas decidieron hacer algo. Con la ayuda de el perro pastor que siempre las vigilaba, salieron de su corral sigilosamente y se dirigieron en silencio a la casa del pastor enfermo, que estaba situada al borde del pueblo, rodeada de árboles frondosos. Se reunieron bajo su ventana y, con un sentimiento profundo de amor y lealtad, empezaron a balar suavemente. Sus balidos eran como una melodía triste pero llena de esperanza. Blanca lideraba el grupo, mientras Luna, Estrella y Nube se unían a ella en un coro de balidos.
El pastor, acostado en su cama, escuchó los balidos de sus queridas ovejas. Aunque estaba débil y febril, comprendió cuánto lo querían y cuánto lo echarían de menos si él muriera. Este gesto de cariño le dio fuerzas y esperanza. Con lágrimas en los ojos, el pastor sintió una renovada determinación de luchar contra su enfermedad. Recordó los días felices en los prados, las historias que les contaba a las ovejas y los momentos de paz que compartían.
A partir de esa noche, el pastor comenzó a mejorar poco a poco. Cada día se sentía un poco más fuerte, motivado por el amor de sus ovejas. Su recuperación fue lenta pero constante, y cada mañana, al escuchar los balidos de sus ovejas desde su ventana, sentía que su salud mejoraba un poco más. El perro pastor también estaba siempre a su lado, vigilando y cuidando de él.
Después de unas semanas, finalmente pudo levantarse de la cama. Con la ayuda de su perro pastor, salió al aire libre y respiró profundamente el aire fresco de la mañana. Con una sonrisa en el rostro y una nueva energía, volvió a salir con sus ovejas a los prados. Las ovejas, felic