Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda
740. El Sapo Conchudo (Infantil)
Hacer click aquí para enviar sus comentarios a este cuento.
Juan David Betancur Fernandez
elnarradororal@gmail.com
Había una vez, Hace muchos, muchísimos años, cuando los animales hablaban y compartían secretos con el viento, una selva en latinoamerica donde un un rumor estaba corriendo por toda la selva Dicho rumor decía que: ¡Habría una gran fiesta en el cielo!
Se decía que San Pedro había organizado un banquete con música de arpas y nubes de algodón dulce, pero había una regla estricta: solo estaban invitados los animales que tuvieran alas.
Claro que las aves estaban felices Todas inmediatamente se pusieron sus mejores plumajes. Las guacamayas se pintaron de rojo y azul, los tucanes pulieron sus picos y sus plumas multicolores y las águilas ensayaron su vuelo más elegante con sus grandes alas.. Abajo, en la tierra, los animales sin alas miraban con envidia y veían como todas las que volaban se preparaban para ir a la fiesta
Pero había un animal que no tenía alas pero que no se resignaba: el Sapo. El Sapo, que era bocón, y simpático era ademas muy terco, Así que le dijo a sus amigos: —No se preocupen, yo también voy a ir a esa fiesta. ¡No me perdería esa rumba por nada del mundo! Cuando los animales terrestres oyeron esto soltaron la carcajada carcajadas. —¿Tú? ¿Un sapo gordo y pesado que ni siquiera puede correr rápido? Vas a ir a la fiesta al que están invitados solo las aves. ¡No seas iluso! —le decían.
Pero el Sapo que era muy testarudo no no les hizo caso. El sapo además sabía que Don Gallinazo (el buitre), que era el mejor guitarrista de la región, estaba invitado para tocar en la fiesta. Así que salto a salto el El Sapo fue sigilosamente hasta la casa de Don Gallinazo y cuando llego allí vio que este había dejado su guitarra descansando en el suelo mientras se arreglaba las plumas.
Allí el sapo vio la oportunidad. Sin hacer ruido, el Sapo dio un salto y... ¡Zas!, se metió dentro de la guitarra por el agujero de la caja de resonancia. Se quedó muy quieto, aguantando la respiración y sin hacer ningun ruido.
Al rato, salió Don Gallinazo, se colgó la guitarra al hombro y alzó el vuelo hacia las nubes. —¡Qué pesada está esta guitarra hoy! —se quejó el Gallinazo a mitad de camino—. Debe ser la humedad. Y siguió volando sin saber que tenía un sapo en la guitarra.
Cuando llegaron al cielo, Don Gallinazo dejó la guitarra en un rincón y se fue a buscar un refresco ya que el vuelo le había dado mucha sed. Cuando el Gallinazo se había marchado . El Sapo aprovechó, salió de la guitarra y se mezcló entre los invitados como si hubiera sido invitado.
¡Qué sorpresa se llevaron las aves! Veían al Sapo bailando salsa, contando chistes y comiendo moscas celestiales que sabían a miel. Algunas de las avies discretamente se fueron acercando y le decían asombrados—¿Cómo subiste hasta aquí, Sapo?—¡Ah! —decía él haciéndose el misterioso—. Es que yo tengo mis secretos mágicos
Así que ya que estaba allí El Sapo comió, bebió y bailó hasta que el sol empezó a esconderse. Lo único que Sabía el Sapo era que tenía que volver a la guitarra de el Gallinazo antes de que este regresara así que eso hizo, salto y salto hasta que llego y al guitarra y se metió de nuevo en la guitarra de Don Gallinazo.
Terminada la fiesta, el Gallinazo regreso a donde había dejado la guitarra, se colgó el instrumento y emprendió el vuelo de regreso a la tierra. Pero esta vez, el Sapo, que había comido y bebido demasiado, estaba feliz y un poco mareado. Sin darse cuenta, empezó a tararear una canción dentro de la guitarra: —¡Qué buena fiesta, croac, croac! ¡Qué bien comí, croac, croac!
El Gallinazo escuchó el ruido. Extrañado, miró dentro del agujero de la guitarra y vio los ojos saltones del